Alimentación saludable
en el verano

Los hábitos alimentarios saludables son aplicables para cualquier época del año: comer mayor cantidad de frutas y verduras, preferir cereales y harinas integrales, incorporar legumbres, tomar agua y realizar ejercicio. Pero hay algunas recomendaciones que pueden ser particularmente útiles durante el verano. Primero y principal, es fundamental abordar el tema de la hidratación. Es muy importante mantener nuestro cuerpo bien hidratado en épocas de calor. El agua es el componente principal del cuerpo humano. Es imprescindible para los procesos fisiológicos, es por esto que es necesario asegurar su aporte en cantidades adecuadas.

Una óptima hidratación puede conseguirse mediante nuestra alimentación diaria y las bebidas. Dentro de ellas, el agua es la bebida hidratante por excelencia. Se recomienda tomar entre 2 a 3 litros por día. Una buena estrategia es tener siempre una botella a mano e ir tomando de a poco en el transcurso de la jornada. Para aquellos a quienes les cueste incorporarla, se puede agregar rodajas de limón, menta, jengibre, pepino o naranja a la botella para hacerla saborizada.

Otra recomendación es aprovechar las frutas y verduras de temporada. Son grandes aliados en el verano, ya que contienen abundante cantidad de agua, vitaminas, minerales, antioxidantes y pocas calorías. En cuanto a las frutas, lo ideal es consumirlas enteras, con su cáscara, ya que es allí donde están la gran mayoría de los nutrientes. Además, de ésta manera estamos incorporando toda la fibra que nos brinda más saciedad. Las verduras se pueden incorporar en forma de ensaladas y combinarlas con legumbres para hacerlas nutricionalmente más completas.

Para quienes estén de vacaciones es lógico esperar que la alimentación sea distinta, con menos variedad, pero no por eso debe ser sinónimo de descontrol. Siempre es aconsejable ser ordenados con los tiempos de comida y poder darse los gustos, sin culpas, moderando la porción. Hay que recordar que una alimentación variada y equilibrada es fundamental para lograr un estilo de vida saludable.

Sofía Fioritto

Lic. en Nutrición (MN: 7739 – MP: 3054) / Antropometrista I.S.A.K. 2

Consultorio: Solis 1393, Hurlingham. Turnos: 4665-7316


Publicado el 17 de Enero de 2019
¿Qué hacer cuando no
sabemos que hacer?

¿Cuántas veces dedicamos demasiado tiempo y energía en “dar vueltas” una y otra vez antes de decidir qué hacer?

En cada decisión que tomamos están en juego nuestros deseos y propósitos, los efectos positivos y negativos que nuestra decisión va a producir en nosotros y en los demás, las convicciones que nos hacen ser quienes somos y quienes queremos ser... ¿Cómo compatibilizar todo eso? Un buen modo es poniendo nuestro torbellino de ideas en orden.

“...Si de las cosas que hacemos hay algún fin que queramos por sí mismo … es evidente que ese fin será lo bueno y lo mejor” Aristóteles

El primer paso es tener claro nuestros propósitos​: Todos queremos muchas cosas. Cada una de las decisiones que tomamos apuntan a un objetivo concreto que será un fin en sí mismo o bien un medio para un objetivo mayor. Hay propósitos económicos o financieros, hay propósitos de gestión, de convivencia, de imagen.

La mayoría de las veces, hay varios combinados,algunos más importantes que otros pero todos valios a su manera. Por ejemplo: si inicio un emprendimiento quisiera poder realizar una actividad que me satisfaga personal y profesionalmente y que me reditúe económicamente; tal vez quiero dejar mi marca en el mundo, beneficiar a otros con lo que tengo para ofrecerles, poder manejar mejor mis tiempos... En resumen: desarrollarse y ser feliz, pero para llegar allí hay que inicar por algún lado; debiera preguntarme: ¿Cuál de mis posibles acciones me acercaría más a donde quiero llegar?

Una segunda lista, la de las consecuencias: Además de acercarnos a cumplir nuestros propósitos, nuestras acciones traerán aparejadas, inevitablemente otras consecuencias. Es deseable -o incluso podemos afirmar que es nuestra responsabilidad- tenerlas todas en cuenta. Las que nos afectan a nosotros y a los demás, a los más cercanos y a las generaciones futuras. Habrá muchas consecuencias cernas o lejanas, a corto y a largo plazo. Las positivas que dan valor a nuestra decisión y que tal vez no estábamos viendo; las negativas que debiéramos evitar lo más posible. En función de su importancia y de la cantidad de afectados podremos prever cuál de las acciones posibles nos acercan a los mejores resultados o al menos, nos alejan de los peores. Tal es así que, por ejemplo, preferimos dedicar tiempo a nuestros nuevos proyectos porque a pesar del cansancio y la energía que requieren, la satisfacción del resultado hará que haya valido la pena. En otros casos, hacemos esfuerzos -como participar de campañas de caridad- para que otros puedan disfrutar de esos beneficios. Por ejemplo, podría considerarse que el hecho de que 25 niños y niñas tengan útiles escolares al iniciar el año escolar, bien vale un par de horas de mis sábados dedicadas a organizar las donaciones. Hay que poner todo en la balanza.

Finalmente, principios y valores marcan el territorio: ​No siempre nuestros propósitos y las consecuencias de nuestras acciones van de la mano. Es probable que tenga que sacrificar en un espacio para ganar en otro. ¿Por cuál decidirnos? Nuestros principios y valores pueden servirnos de motivación y de límite a la vez. “Este es mi deber...” decimos cuando hay una acción irrenunciable. “No puedo ceder en esto” afirmamos cuando hay principios que no queremos traicionar. En este espacio de convicciones morales, sociales, culturales y religiosas, los mejores propósitos logran destacarse y las peores consecuencias se muestran como sacrificios que no estamos dispuestos a aceptar.

En definitiva estamos hablando de nuestra dignidad como seres humanos.

“No hay decisión que podamos tomar que no venga con algún tipo de equilibrio o sacrificio.” Simon Sinek

En conclusión, persigue tus propósitos mientras estos no traigan malas consecuencias ni traiciones tus principios para alcanzarlos; procura las mejores consecuencias si te acercan a tus propósitos siempre y cuando no debas traicionar tus convicciones para hacerlo; honra tus principios al menos que el sostenerlos con firmeza provoque daños importantes o te aleje demasiado de tus propósitos fundamentales.

Prof. Natalia Vozzi para CESPYM CURSOS


Publicado el 4 de Enero de 2019

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